Tips de sueño para el regreso a clases

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Tips de sueño para el regreso a clases

Con pocas semanas antes de iniciar el año escolar en muchos lugares, es importante que nuestros niños retomen sus buenos hábitos de sueño, para estar listos para empezar clases con pie derecho!

Durante las vacaciones, muchas veces es más difícil llevar una rutina muy regular; a veces nuestros niños se acuestan más tarde, etc. Espero que hayan disfrutado mucho estos meses de verano junto con sus pequeños. Ahora, nuestra misión es ayudar a nuestros hijos a retomar buenos hábitos de sueño! Deben descansar bien y así estar listos para aprender y disfrutar sus días en la escuela.

Primero, lo primero! ¿A qué hora sería lo ideal que nuestros hijos se acuesten?  Yo siempre recomiendo una ventana entre 7 y 8 pm. Entonces, para niños en edad pre-escolar y escolar, lo óptimo sería que duerman no más tarde de las 8 pm. ¿Cuáles son las razones? Pues, porque los niños en estas edades necesitan al menos 10 horas de sueño continuo en la noche, mejor si es más. Y generalmente los niños necesitan despertarse antes de las 7 am para alistarse para ir al colegio.

Es importante que nuestros hijos se despierten naturalmente en la mañana, que no haya necesidad de nosotros levantarlos, sino que solos estén listos para empezar el día, con buen humor, recuperados energías y refrescados.

Al acostarlos temprano a nuestros hijos, también los padres recuperan un poco de tiempo al final del día para realizar sus actividades, tener un espacio de tiempo como individuos y para compartir en pareja. Esto también es fundamental, para nuestra salud y crecimiento personal, y para reconectarnos con nuestro esposo/a.

Ahora, ¿cómo lograr que nuestros hijos vuelvan a dormir temprano para entrar a clases?

1)      No dejar estos cambios para último momento! Empieza desde ya recorriendo 15-20 minutos cada 3-4 días la hora de dormir, así podrán ir regulando su reloj biológico. Los cambios en el sueño son paulatinos, y requieren tiempo, por eso mejor empezar cuanto antes con esta transición.

 

2)      Establece una rutina para ir a dormir. Es importante establecer ciertas actividades para preparar al cuerpo y mente de nuestros niños para ir a la cama. Unas actividades relajantes, participativas, repetitivas, realizadas en el mismo orden, ya envían señales a nuestro cerebro de que se acerca la hora de dormir y por ende, éste comienza a producir melatonina, la hormona del sueño. Una adecuada producción de melatonina antes de dormir ayuda a que conciliemos el sueño más fácilmente y nos mantengamos más tiempo dormidos. Implementa esta rutina 2 semanas antes de entrar a clases para que tus hijos se vayan habituando. La rutina puede incluir: un baño, lavarse los dientes, preparar la ropa para el día siguiente, ordenar los juguetes, un momento de lectura, un momento de conversación, etc. Puedes elaborar imágenes o símbolos que indiquen la rutina para dormir y repetirla cada día. Recuerda que este momento para terminar el día debe ser algo muy agradable para toda la familia. Que tus hijos cuenten con toda tu atención exclusiva, que los llenes de mimos, y que a esa hora no haya nadie ni nada más importante que ellos.

 

3)      Usa un reloj! Si te encuentras muchas veces inmerso en una batalla con tu hijo sobre el tiempo que se toma en bañarse, en ir al cuarto para dormir, etc. te recomiendo delegar esto a un “tercero”: ¡un reloj! Puedes implementar el uso de un “timer” o un reloj de manecillas e indicar con un sticker o post-it la hora en que debe ir a acostarse o la hora para bañarse, etc. Puedes también adquirir un reloj despertador para niños, para que tengan mayor autonomía en el manejo de su tiempo de ir a acostarse y de levantarse. Hay unos relojes muy didácticos que los puedes revisar en internet: Kids Sleep Classic, Gro Clock, Ok to wake, Pam the Penguin, entre otros.

 

4)      Apaga las pantallas! Las pantallas emiten una gran cantidad de luz azul, que interfiere con la producción de melatonina. Nuestro cerebro asocia la luz azul con la luz solar, es decir con el día. Por lo tanto, el estar expuestos a pantallas antes de dormir hace que el cerebro de nuestros hijos se vuelva a activar, en lugar de comenzar a bajar revoluciones y dormir. Trata de evitar las pantallas 2 horas antes de dormir.

 

5)      La cena! He trabajado con varios padres que daban la cena a sus hijos demasiado tarde, o cuando ya estaban acostados sus hijos listos para dormir, éstos les pedían nuevamente de comer, y otra vez iban a la cocina y les alimentaban (luego de ya haber cenado). Como menciona siempre una amiga mía que es nutricionista “así como hay momentos para dormir, hay momentos para comer”. Nuestros niños deben haber terminado de comer al menos 1h15 antes de ir a dormir, y luego iniciar las actividades de preparación para ir a la cama. Una cena muy cerca de la hora de dormir, o muy tarde, o volver a comer una vez ya acostados, puede afectar el proceso de conciliar el sueño y tomarles más tiempo y más esfuerzo finalmente dormir. Además, es importante que adquieran buenos hábitos de higiene bucal, y una vez terminada la cena, lavarse los dientes y no ingerir más alimentos hasta la mañana siguiente. No olvidemos que es importante también no ingerir dulces ni alimentos estimulantes cerca de la hora de acostarse (chocolate, leche con chocolate, etc.).  

Si tienes dificultad en establecer unos hábitos de sueño saludables y positivos en tus hijos, no dudes en contactarme. Trabajo con padres de niños de 0 a 9 años de edad, con planes personalizados y acompañamiento durante todo el proceso.

Te invito a mirar los 2 videos de la última entrevista de radio que está subida en la página de Facebook DUERME BEBE, en ambos tratamos el tema de retomar buenos hábitos de sueño para el inicio a clases. 

Muchos éxitos en este nuevo año escolar! Qué esté lleno de momentos divertidos y alegres!

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TRANSICIÓN DE LA CUNA A LA CAMA:  8 TIPS PARA TOMAR EN CUENTA

TRANSICIÓN DE LA CUNA A LA CAMA: 8 TIPS PARA TOMAR EN CUENTA

La transición de dormir en cuna a pasar a cama es un evento importante en la vida de un niño pequeño. Es algo emocionante y especial para él/ella. Aquí les dejo unos puntos importantes a tomar en cuenta si estás pensando en realizar esta transición:

 

1.      ¡No apurar el cambio! Si tu hijo duerme de maravilla en su cuna o corral, no hay premura por hacer el cambio. Este es uno de los errores más comunes que los padres cometen y que suelen perjudicar el sueño de sus niños: pasarlos demasiado pronto a cama/colchón.

2.      La mejor edad para hacerlo es pasados los 2 ½ años. Antes de eso, pueden haber un poco más de complicaciones y de múltiples bajadas nocturnas de la cama, creando noches interrumpidas para toda la familia.

3.      Muchos padres incluso se apresuran a hacer la transición a temprana edad, pues está próxima la llegada del hermanito menor y necesitan la cuna. Si su hijo aún no cumple los 2.5 años y duerme de maravilla en su corral/cuna, recomiendo buscar otra alternativa para el bebé pequeño por unos meses más: un moisés, una cunita pequeña, o un corral. Y cuando el grande esté listo, pasarlo a cama/colchón y darle la cuna al pequeño.

4.      Es mejor que la cama/colchón sea baja, para evitar que haya peligros. Pueden incluso colocar el colchón pegado a la pared, y en el otro lado poner algún tipo de barreras suaves, un sofá o asiento pequeño, los “noodles” de las picinas en los bordes también pueden servir, para evitar que se caiga. Los niños se mueven muchísimo al dormir y es importante evitar que se hagan daño.

5.      Hacer de esto un evento importante y que les ilusione. Explicarle que ya es un niño grande y que ya puede dormir en cama. Ir con su hijo a escoger la colcha o cobija, tal vez un muñeco especial para marcar la transición. Involucrarle en los arreglos de la habitación y de la nueva cama.

6.      Instaurar una linda rutina antes de ir a dormir. Puede iniciar con un baño o asearse y lavarse los dientes. Luego leer un cuento en su propio cuarto. Pueden crear una “zona de cuentos” en su cuarto con almohadas y peluches en el piso, por ejemplo. Después, acostarse y conversar un rato en voz baja de cómo estuvo su día, o de lo que les gustaría hacer mañana, es una linda forma de terminar la jornada.

7.      Crear con él las expectativas de la hora de dormir. Pueden armar un cuadrito con dibujos, para que visualmente él sepa qué se espera de él al acostarse. Puntos simples como: leo un cuento antes de dormir, me quedo en mi cama hasta que salga el sol, me quedo en silencio, etc. Acordar también qué sucede si él se pasa a la noche a la cama de los papás. Como familia deben concertar qué sucede si su hijo decide salir de su cuarto a la mitad de la noche. Si han decidido que cada uno duerme en su cuarto, deben ser consistentes con ello, durante la noche también. De lo contrario, si cada día cambian la expectativa, será un mensaje confuso el que reciba el niño.

8.      No hacer cambios junto a otros cambios. Es importante para los niños manejar un solo cambio a la vez. Evitar realizar transiciones cuando estén sucediendo otras cosas en su vida, como entrar a la guardería, enfermedades, el proceso de dejar el pañal, etc.

Si te gustaría más guía para este proceso o estás teniendo dificultad con el sueño de tus hijos, no dudes en contactarme.

Daniela Vásquez

Psicóloga y Consultora de sueño infantil certificada, creadora del Programa Duerme Bebe

www.duermebebe.com

 

¡¿Por qué mi bebé se despierta las 3 am?!

¡¿Por qué mi bebé se despierta las 3 am?!

Es una pregunta que muchos padres se hacen con frecuencia.

¿Es un hito del desarrollo? ¿Es una regresión?¿ Está el bebé durmiendo mucho en el día, o talvez muy poco? ¿Capaz tiene hambre, talvez no? ¿Puede ser que tenga frío, o tal vez mucho calor?

Bueno, la verdad es que puede ser cualquiera de aquellas razones o una combinación de ellas.

De allí que sabemos que el tema del sueño es realmente algo complejo, seguramente ustedes ya se habrán dado cuenta de esto.

Tanto el cuerpo como el cerebro de los bebés está creciendo rápidamente y atravesando muchos cambios significativos, y mientras un factor ya lo tienen bajo control, uno nuevo aparece!

Hay factores que sí podemos controlar. Por ejemplo, si el bebé tiene mucho calor, hay que cuidar de no arroparlo mucho, ventilar mejor la habitación en el día, etc. Si está por salirle un diente, debemos administrarle algún analgésico y antiinflamatorio para aliviar el malestar.

Son arreglos simples. No obstante, la razón por la que muchos padres atraviesan desafíos con el sueño de sus hijos es porque aquellos no son problemas tan simples, y no tienen soluciones tan obvias.

Imaginen este escenario: un bebé de 18 meses, recibe luz del sol en el día, está activo, toma siestas largas mecido en su hamaca, pero cuando es la hora de acostarse, (sus padres lo ponen a dormir alrededor de las 9 – 10 pm), de repente se muestra lleno de energía, muy activo y quiere jugar. Cuando se le prepara para dormir, está muy molesto y la hora de acostarse se convierte en una batalla cada noche. Una vez que finalmente se duerme, se despierta varias veces a la noche, especialmente a las 3 am le cuesta muchísimo volver a conciliar el sueño y se despierta definitivamente alrededor de las 5h30 am.

 

Entonces, ¿qué está sucediendo? ¿tal vez el bebé está durmiendo mucho durante el día?

 

La verdad es que sucede todo lo contrario. El bebé en este caso está demostrando que necesita dormir más, en lugar de menos.

 

Para poder comprender mejor este razonamiento, analicemos cómo funciona el sueño.

 

Alrededor de 3 horas antes de nuestra hora habitual de despertarnos por la mañana, nuestro organismo empieza a secretar cortisol, que es una hormona estimulante, encargada de mantenernos despiertos y alertas. Al acercarse la hora de despertarnos, ayuda a nuestro cuerpo a comenzar a alistarnos para un nuevo día.

 

Por otro lado, nuestro organismo produce otra hormona cuando se acerca la noche, la melatonina, la “hormona del sueño”. Esta es la que nos prepara para conciliar el sueño y mantenernos dormidos durante la noche. Nuestro cuerpo reconoce la llegada de la noche con la reducción de luz solar y comienza a producir melatonina. Además, la producción de melatonina aumenta y empieza antes si es que en el día nos exponemos a la luz solar.

 

Sin embargo, hay factores que pueden afectar este funcionamiento de cortisol/melatonina en nuestro sistema, es decir, afectar cuán fácil se nos hace dormir y mantenernos dormidos. Como en el ejemplo del bebé de arriba. Este niño toma siestas largas en el día, pasa tiempo afuera en la luz del sol, entonces su cuerpo debería estar listo para producir la melatonina suficiente para dormir a la noche. ¿Por qué entonces se vuelve a activar a la noche y “lucha contra el sueño”?

 

Lo que sucede es esto. Cuando el cuerpo del bebé ha iniciado su producción de melatonina, existe una pequeña “ventana” de tiempo durante la cual el cuerpo espera que el bebé se duerma. Como no se ha dormido, el cerebro instintivamente decide que algo no está bien. Para aguantar despierto, comienza a producir más cortisol para compensar. Esta sobre – estimulación se muestra en un comportamiento muy activo a la noche, extrema energía, muchas ganas de jugar y brincar por todo lado, irritabilidad y finalmente dificultad para “bajar las revoluciones”. En definitiva, el bebé ha “perdido la ventana” de sueño, se ha vuelto a activar y le va a tomar mucho tiempo y esfuerzo finalmente dormir (aunque su comportamiento parecería indicar que no tiene sueño).

 

Entonces, ¿qué sucede con las despertadas alrededor de las 3 am?

 

Asumiendo que el ritmo circadiano del bebé está regulado para despertarse a las 6 am, su cuerpo empieza a secretar cortisol 3 horas antes. En este punto, la producción de melatonina también se ha reducido. Entonces, el bebé termina un ciclo de sueño alrededor de esa hora, llega a la superficie de sueño, tiene un “despertar parcial”. Adicionalmente, se está reduciendo la producción del “sedante natural” (melatonina) y se está iniciando la producción del “estimulante natural” (cortisol). Esto, sumado a que el bebé no tiene estrategias propias para dormir (siempre es mecido para dormir), da como resultado que el bebé se despierte totalmente y realmente le cueste volver a conciliar el sueño a esa hora de la madrugada.

 

¿Qué podemos hacer para evitar esto?

 

-        Exponer a nuestros niños a luz solar, llevarlos diariamente a jugar al aire libre. La luz natural del día promueve la producción adecuada de melatonina a la noche.

-        Asegurar que la habitación donde duerme el bebé esté lo más oscura posible para dormir, especialmente durante las primeras horas de la madrugada (4-7am), donde estamos mayor tiempo en sueño REM, que es ligero, y es más probable despertarnos con cualquier rayo de luz del amanecer.

-        Evitar exposición a pantallas (TV, celulares, tablets, etc.) al menos 1 hora antes de dormir para evitar confundir a nuestro cerebro. Estos dispositivos emiten luz azul, que estimulan la producción de cortisol, lo que dificultará que conciliemos el sueño con facilidad.

-        Respetar los horarios de sueño de nuestros niños. Es de suma importancia que los niños se acuesten temprano a la noche, para asegurarnos sus horas de sueño suficientes y evitar que se vuelvan a activar al perder su “ventana de sueño”.

-         Darles la oportunidad de desarrollar estrategias propias para dormir. Al tener una estrategia propia para dormir, sabrán cómo volver a conectar un ciclo de sueño durante la noche y dormir “de corrido” hasta el amanecer. Nunca vamos a poder prevenir despertarnos durante la noche. Todos nos despertamos varias veces cada vez que se termina un ciclo de sueño. Pero si nuestros hijos saben cómo volverse a dormir, no notarán esos despertares y tendrán noches consolidadas, cuando estén listos para hacerlo.

 

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¿Por qué es tan importante que nuestros niños duerman bien?

¿Por qué es tan importante que nuestros niños duerman bien?

Todos hemos visto diferencias en el estado emocional, humor o funcionamiento de los niños cuando han tenido una mala noche. Es común que estén más irritables, o les cueste concentrarse por ejemplo. Puedo hablar de primera mano, cuando mi hija de 3 años se acuesta tarde por alguna razón esporádica, está de mal humor, le cuesta conciliar el sueño y se despierta demasiado temprano. Antes de conocer el sueño de los niños, mi hija no se alimentaba bien, y su crecimiento no era el esperado. Gracias a que ahora tiene excelentes hábitos de sueño, incluso ha incrementado su talla significativamente, llegando a la media de su edad. Además, es una niña muy saludable, muy rara vez se ha enfermado. Cuando a mi bebé de 1 año se le alteran por alguna razón sus siestas, se afecta hasta su apetito y está muy irritable.  La acumulación de cansancio afecta, no solo en el estado emocional de los niños, sino en su salud, su desarrollo y su bienestar. Según estudios de la Universidad de Dalhousie en Nueva Escocia, las repercusiones de no dormir lo suficiente son visibles incluso después de 4 noches de dormir 1 hora menos de lo necesario.

Un sueño saludable es tan importante como una nutrición y ejercicio adecuados. Son necesidades vitales y herramientas básicas para su óptimo desarrollo.

Les comparto a continuación algunas de las tantas razones por las que es tan importante y necesario que nuestros niños duerman bien:

-          Durante el sueño, recuperamos energías, mentales, físicas y anímicas. Recargamos baterías para funcionar adecuadamente al día siguiente.

-          Mientras dormirnos, se regenera el sistema inmunológico, y esto ayuda a estar menos propenso a contraer enfermedades. Durante el sueño, producimos citocina, la proteína con la que el cuerpo cuenta para contraer enfermedades e infecciones. Además de esto, estas proteínas nos hacen estar somnolientos cuando estamos enfermos (con gripe por ejemplo), pues es la señal que nos da nuestro organismo de que necesitamos darnos un descanso para recuperarnos. Dormir lo suficiente hará que nuestros niños se enfermen menos.

-          En las etapas profundas de sueño se secreta la hormona de crecimiento, básico para nuestros niños en desarrollo. Los niños pasan la mitad de su tiempo de sueño en etapas de sueño profundo. Incluso, hay estudios que indican que niños con un nivel deficiente de la hormona de crecimiento duermen menos profundo que el estándar.

-          Durante el sueño eliminamos toxinas. Así en el día, podemos pensar con claridad y sentirnos mejor.

-          Dormir lo suficiente ayuda a regular el peso y evitar la obesidad desde temprana edad. Cuando no dormimos lo necesario se afecta la producción de leptina, que es la hormona que nos da la señal de saciedad al comer. Entonces, con el tiempo, los niños que no duermen lo suficiente tienen mayor riesgo de obesidad.

-          Los hábitos alimenticios también se ven afectados con la falta de sueño. Un niño que duerme mejor, tendrá mejor apetito y comerá con mayor gusto, que un niño que no duerme lo suficiente. Además, un niño que no duerme lo suficiente, sentirá necesidad de ingerir alimentos altamente calóricos o grasosos, para ganar rápidamente aquellas energías que no ha recuperado durante el sueño. Adicionalmente, estos niños tienden a tener un estilo de vida más sedentario, entonces queman menos calorías y se ejercitan menos.

-          Dormir bien ayuda a reducir el riesgo de padecer enfermedades del corazón. El cerebro de los niños que no duermen lo suficiente pasa más tiempo en un estado de alerta a la noche, lo que produce que se active la señal de “pelea o huída” muchas veces. Esto produce que sus niveles de cortisol y de glucosa estén altos a la noche. Esto está relacionado con mayores probabilidades de diabetes, obesidad y enfermedades del corazón.

-          Un sueño disminuido o poco saludable hace que los niños sean más impulsivos o torpes en sus movimientos, creando mayor riesgo de accidentes y heridas.

-          Dormir bien promueve un óptimo desarrollo cerebral. Al ver un niño o un bebé durmiendo pensamos que está solamente descansando pacíficamente. Sin embargo, la verdad es que su cerebro está en una actividad intensa. Podemos decir que aprendemos mientras dormimos. Durante el sueño se dan un sinnúmero de conexiones neuronales que ayudan a consolidar aprendizajes y las funciones cognitivas superiores, como memoria, atención, concentración, flexibilidad mental, solución de problemas, multi-tasking, creatividad, entre otras.

-          Durante el sueño se consolida la memoria. Nuestra memoria pasa de corto a largo plazo. Por eso, cuando no tenemos las horas necesarias de sueño o tenemos unas noches muy interrumpidas, nos es difícil recordar cosas durante el día y concentrarnos bien.

-          Un sueño saludable aumenta el nivel de atención de nuestros niños y contribuye positivamente a su aprendizaje. Los niños que duermen menos de 10 horas a la noche en su infancia temprana (menores de 3 años), son más propensos a tener problemas de hiperactividad, impulsividad y dificultades atencionales en la etapa escolar. Muchos niños son mal diagnosticados con Déficit de atención con o sin hiperactividad, cuando la verdadera razón de sus comportamientos y dificultades es su déficit de sueño y malos hábitos a la hora de dormir. Vi varios de estos casos en mi trabajo como psicopedagoga, psicóloga y profesora, tanto en el colegio donde yo trabajaba, como en mi consulta privada. Para que un niño pueda aprender bien, y rendir al máximo de su potencial, debe estar bien descansado. De esta manera, no solo su mente estará lista para aprender y su aprendizaje será significativo, sino que su ánimo y su parte emocional también estarán dispuestos para aprender y disfrutarán haciéndolo. Para aprender de manera positiva, los niños necesitan que su mente y su estado emocional esté “abierto” para hacerlo. Si un niño está con las “barreras altas” no logrará aprender ni disfrutar el aprendizaje. Con estas “barreras” me refiero a un niño agotado, un niño triste, un niño irritable o malgenio, un niño con falta de atención y concentración. Aún más, en niños que sí presentan dificultades de aprendizaje, es inclusive mucho más imprescindible que tengan el sueño suficiente y de buena calidad, para que el problema no se agrave aún más.

Señales de alerta que podemos ver en nuestros niños que indican que no están durmiendo lo suficiente, son:

-          Dificultad para concentrarse, aprender, atender, recordar

-          Mayor frecuencia de rabietas, explosiones emocionales, baja tolerancia a la frustración, irritabilidad constante, mal humor, decaimiento, incluso depresión

-          Falta de apetito

-          Múltiples despertares a la noche

-          Niños que les toma mucho tiempo y esfuerzo conciliar el sueño a la noche, están muy activados o irritables a la hora de dormir, es una batalla cada noche acostarlos

-          Períodos de insomnio durante la noche

-          Niños a los que hay que despertarlos forzadamente a la mañana para asistir a sus actividades y se despiertan de mal humor, cansados aún y sin energías

-          Niños que aprovechan cualquier instante en el día para dormir, como caer rendidos dormidos apenas se suben al auto cada vez.

-          Presencia frecuente de terrores nocturnos y/o pesadillas

¿Qué podemos hacer?

Asegurarnos que nuestros niños duerman las horas necesarias todos los días. Los niños hasta la edad escolar, necesitan al menos 10 horas de sueño consolidadas a la noche. Mejor si son 12. Por esto, es fundamental acostarlos temprano. La mejor ventana es entre 7 y 8 pm. Mantener una hora de dormir constante es importante para regular su reloj biológico y que duerman el tiempo necesario. Para prepararlo para dormir, es fundamental crear una rutina, relajante, participativa, agradable. Nada de pantallas al menos 1 hora antes de dormir (esto reduce la producción de melatonina, la hormona del sueño, dificultando que conciliemos el sueño con facilidad y nos mantengamos dormidos durante la noche). Exponer a nuestros niños a la luz del sol y actividad física constante durante el día es imprescindible para un sueño saludable a la noche. Crear el ambiente adecuado en la habitación de nuestros niños para promover el sueño: cortinas oscuras, nada de objetos en la cuna, no móviles. Evitar también el consumo de alimentos altos en azúcares, cafeína, etc. que afectan el descanso de nuestros niños.

Si nosotros como adultos sentimos los efectos de una mala noche en nuestro funcionamiento en el día, los niños tienen aún una mayor necesidad de sueño. Es primordial ayudar a que nuestros hijos tengan los mejores hábitos de sueño posibles.  

Si necesitas ayuda para que tus hijos duerman mejor, no dudes en contactarme.

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¿Medicar a los bebés para dormir? ¿Hay una “receta mágica” para que duerman mejor?

¿Medicar a los bebés para dormir? ¿Hay una “receta mágica” para que duerman mejor?

Puedo contar con detalle cada caso que me he encontrado de padres preocupados porque sus hijos no duermen, que les han recomendado medicar a sus hijos o les han convencido que es un problema neurológico. Cuántos padres han recibido receta de melatonina, antihistamínicos (como clorfenamina, hidroxina, etc), inductores de apetito, o llevar a sus hijos pequeños a un psicólogo como remedio para el problema de sueño de sus niños.

Muchos padres recurren a este tipo de sustancias porque están desesperados y confían en algún consejo médico o familiar. Muchos padres someten a sus hijos a un sinnúmero de exámenes neurológicos, electroencefalogramas, tomografías, etc. con el fin de encontrar alguna causa orgánica o física a que sus hijos les tome tanto tiempo y esfuerzo conciliar el sueño o tengan múltiples despertares a la noche o terrores nocturnos frecuentes. Muchos padres llevan a sus hijos pequeños (2-3 años) al psicólogo para “tratar y hablar” del tema de sus despertares o irritabilidad durante el día (como si un niño pequeño podría estar tranquilo y de buen humor si acarrea una enorme deuda de sueño y acumulación de cansancio). Tantos padres se han llenado de angustia, de culpa, de ansiedad, de que algo realmente puede estar mal con sus niños. Otros padres, en cambio, piensan que el dar solución al tema de sueño de sus hijos debe ser algo simple, rápido, una “receta mágica” que funcione de la noche a la mañana.  Para padres agotados que tienen enorme dificultad para que sus hijos duerman bien, la promesa de aquella “pastilla, jarabe o crema mágica” puede parecer bastante atractiva.

Algunos estudios muestran que la melatonina sí puede ser útil para niños con autismo u otras condiciones, sin embargo, la gran mayoría de bebés y de niños ¡no la necesitan! Lo que ellos necesitan es que sus padres conozcan y manejen adecuadamente su sueño.

Cada vez, más y más doctores y padres están recurriendo a la melatonina como una “curita” para el problema de sueño de sus pequeños. Sin embargo, la melatonina o cualquiera de los otros compuestos, no es una solución a largo plazo para mejorar los hábitos de sueño.

La melatonina es la hormona secretada naturalmente por la glándula pineal en nuestro cerebro y que está presente en todos nosotros. Hay muchas personas que recurren a dar suplementos de melatonina a sus niños. Sin embargo, esta puede incluso tener efectos secundarios no muy positivos para el niño y su desarrollo. Por ejemplo, el Dr. Johnson-Arbor, toxicólogo del Hospital de Hartford, menciona que ésta puede afectar al crecimiento, al desarrollo sexual en la pubertad. Otros efectos son dolor de cabeza, mareos, dolor de estómago. Hay padres que han reportado incluso afectación en el estado emocional de sus hijos.

Aparte de todo esto, el dar melatonina no es una solución a largo plazo. Y, en muchísimos casos, sino se realiza cambios en otros aspectos de los hábitos de sueño, no tendrá ningún resultado.

Por tanto, ¿para qué exponer a nuestros niños a posibles riesgos innecesarios o a “curitas” para tratar de resolver un problema? O ¿para qué tener que “medicar” permanentemente a nuestros niños a las noches?

Un sueño saludable necesita desarrollarse desde temprana edad, manejando correctamente las necesidades de sueño de nuestros hijos, la higiene de sueño, sus tiempos, sus siestas, sus rutinas, incluso sus hábitos de alimentación. Todo este conjunto de “piezas” manejadas adecuadamente será lo que marquen la diferencia en el sueño de nuestros niños.

El primer paso debería ser siempre analizar cómo son los hábitos de sueño del niño y realizar los ajustes necesarios para que pueda dormir lo suficiente y necesario. Se debe estudiar el tema de horarios, manejo de tiempos, siestas, rutinas, hábitos de alimentación, ambiente, proceso para dormir, su dinámica familiar, sus actividades, etc. R

ealizar cambios en los hábitos de sueño no se da de la noche a la mañana, ni consiste en una “fórmula mágica” para resolver las cosas de inmediato. Crear nuevos hábitos de sueño y realizar cambios en una dinámica toma tiempo, paciencia, constancia. Es un proceso de desarrollar nuevas destrezas y nuevos hábitos.

Por ejemplo, para ayudar a que nuestros hijos tengan una adecuada producción de melatonina, hay cosas que podemos hacer desde ya en casa.

Una adecuada producción de melatonina contribuirá a que sus hijos concilien el sueño más fácilmente y se mantengan dormidos.

La producción de melatonina se estimula en la oscuridad y se inhibe con la luz. De allí la importancia de proveer un adecuado ambiente para que el niño duerma y le sea más fácil conciliar el sueño:

-          Su cuarto debe estar a oscuras para la noche y para las siestas

-          Poner black outs en las ventanas será de gran ayuda

-          Evitar exponer al niño a pantallas al menos 1 hora antes de dormir, para que la luz azul no interfiera en la producción de melatonina.

Crear una rutina antes de acostarlos, tanto para las siestas como para la noche, reduciendo las luces de la casa, hará que también su mente y cuerpo se preparen para dormir.

Hay incluso ciertos alimentos que aportan naturalmente a la producción de melatonina y que podemos ofrecer a nuestros niños: cerezas, aguacate, piña, banana, naranja, avena, arroz, tomate, entre otros. No olviden considerar la edad del niño y la opinión del pediatra antes de darle un alimento nuevo a su hijo.

En conclusión, no hay necesidad de exponer a nuestros niños a un posible riesgo solamente por hacerlos dormir más fácil o rápido a la noche. La verdad es que los niños lo que necesitan es que sus padres conozcan cómo funciona su sueño, cuáles son las necesidades de sueño según la edad, cómo manejarlas adecuadamente, en tiempos, espacios, rutinas, ambiente, etc.

Si se está teniendo muchos problemas en el sueño de nuestros niños, es importante buscar ayuda profesional para analizar todos los puntos que están impidiendo que el niño duerma bien y realizar un proceso para desarrollar unos hábitos de sueño más saludables.

No es algo que se da de la noche a la mañana, requiere dedicación, constancia, paciencia, tiempo. Además, requiere de un trabajo en equipo de toda la familia. Es importante que papá y mamá estén involucrados, que envíen el mismo mensaje a su hijo, que toda la familia lleve una mejor higiene de sueño y así todos puedan dormir mejor.

Todos los padres que en nuestra primera conversación me mencionaron el tema de medicación para hacer dormir a sus hijos, que lo iban a intentar o ya lo habían hecho, lograron resolver el problema de sueño de sus hijos realizando los ajustes y el proceso necesario, sin necesidad de dar nada artificial a sus pequeños.

Antes de recurrir a medicar a tus hijos para que duerman mejor, me encantaría tener la oportunidad de que conversemos y mejoremos sus hábitos de sueño de una manera permanente.

Estoy a las órdenes.

Daniela Vásquez

Psicóloga y Consultora de sueño infantil certificada

Creadora del Programa DUERME BEBE

dani@duermebebe.com

Colecho: ¿bueno? ¿malo? ¿es para todos?

Colecho: ¿bueno? ¿malo? ¿es para todos?

¿Dormir o no dormir con los hijos? Es un tema que desata muchísimas opiniones. No creo que se deba calificar como positiva o negativa esta práctica o juzgar a una persona por haber escogido lo uno o lo otro. Es importante más bien analizar la motivación de hacerlo, sus beneficios y desventajas, y ver si aquella es la mejor decisión para esa familia (hijo, papá y mamá).

El practicar o no el colecho es una opción muy personal e íntima de cada familia. Se debe tener presente que lo que le funciona a una familia de maravilla, no le funcionará a otra. Como el mismo Dr. Carlos González o el Psicólogo Alberto Soler mencionan: es una decisión propia de cada familia. No se debe recomendar como sistema el colecho o el no colecho. Ambos mencionan que todos en los miembros deben estar de acuerdo con la decisión, gustosos de hacerlo y que sea algo satisfactorio para todos. 

Existen diferentes motivaciones que llevan a una familia a practicar el colecho: por convicción o por reacción. Puede ser que unos padres han optado por convicción, por voluntad propia, por motivos culturales, porque así es más fácil mantener la lactancia nocturna, etc. O, por otro lado, por necesidad o reacción hacia un problema de sueño de sus hijos, en el que igual nadie descansa bien.

Si es la primera decisión, y toda la familia duerme bien (se despierta descansada, con ánimos y energía), no es necesario realizar ningún cambio. A esa familia le funciona bien dormir juntos.

Sin embargo, existen otros casos en los que el colecho no funciona y no contribuye a un descanso saludable y suficiente para todos. Por ejemplo, hay  padres que duermen con sus hijos pues no han encontrado otra manera de sobrellevar una dinámica de sueño dificultosa, o tratan de dormir unos momentos más de esta manera. Al dormir con los niños nadie descansa bien, las noches continúan siendo muy interrumpidas, con episodios de llanto, despertares largos, trastornos de sueño e incomodidad. Todos se despiertan sin energías, de malhumor, afecta al funcionamiento diario y al estado de ánimo. Incluso han optado por que sea solo uno de los padres el que duerme con el niño y el otro duerme en otra habitación para poder descansar algo, o se turnan. Muchos padres me han comentado que se ha convertido en una dinámica insostenible, y que ha contribuido al distanciamiento o ruptura de la pareja.

A mi consulta acuden padres que buscan mejorar el sueño de sus hijos y, por ende, de la familia. Expresan que la dinámica o situación actual no está funcionando y quieren hacer un cambio, pero necesitan una guía y apoyo para hacerlo. El objetivo que trabajamos siempre es lograr que tanto el niño como la familia logre un sueño saludable.

Si la situación actual, por ejemplo, de colecho, no está funcionando, se realiza el proceso de cambio pertinente. Menciono la palabra “proceso”, pues no es un cambio que se da de la noche a la mañana. Los seres humanos somos criaturas de hábitos y cambiar un hábito requiere de un proceso, de tiempo, de constancia y de paciencia. Además, que el proceso debe ser uno sostenido, acompañado, gradual. Hay que continuar brindando al niño la seguridad y el amor, tanto en el día como a la hora de acostarlo, y realizar los ajustes necesarios a su rutina, horarios, etc. para lograr que todas las “piezas” encajen adecuadamente y se dé la mejor calidad de sueño para ese niño y esa familia.

La mayoría de padres que acude a mi consulta y me cuentan que han practicado el colecho, explican que éste ya no está funcionando. Quieren hacer un cambio. En un inicio muchos optaron por esta opción por convicción y decisión propia. En algunos casos les funcionó por un tiempo, pero al momento ya nadie descansa bien y el tema se sale de las manos. Esto ha afectado a la dinámica familiar y al descanso de todos.

En otros casos, optaron por el colecho por necesidad, pues era muy agotador levantarse muchas veces a la noche a atender a sus pequeños y así podían aunque sea descansar unas horas. Sin embargo, tampoco están contentos con la dinámica actual.

Cuando analizamos la situación, nos preguntamos, ¿qué es lo mejor para el niño? Lo ideal sería que su entorno sea positivo y agradable, que la relación de sus padres esté fuerte, que reciba de ellos la mejor atención y vínculo que pueda tener. Y, también, que tenga un sueño saludable para descansar y desarrollarse apropiadamente. La situación actual ya no está funcionando. Hay que hacer unos cambios. Es ahí cuando, se debe re-evaluar la situación y realizar los ajustes necesarios para que todos duerman bien.

Ahora, ¿qué podemos mencionar acerca de:

"COLECHO Y EL SUEÑO SALUDABLE? y

"COLECHO Y EL APEGO"?

El sueño es una necesidad vital para los seres humanos. Es además una necesidad que evoluciona según la edad. Se debe priorizar siempre el tema de un sueño saludable en todas las edades, pues este marcará el cómo uno funciona en el día a día, no solo a nivel físico, energético, sino a nivel cognitivo, de salud, socio-emocional y de relaciones interpersonales. Durante el sueño, además de descansar, reconfortarnos, recuperar energías, se dan otras múltiples funciones necesarios para que nuestro organismo y mente funcionen adecuadamente: se regenera el sistema inmunológico, se secreta la hormona de crecimiento, se eliminan toxinas, se consolidan aprendizajes, memoria, atención y concentración, aporta a las funciones cognitivas elevadas, creatividad, reduce el stress, influye en un humor positivo y un mejor estado emocional que impacta positivamente a nuestras relaciones con los demás, entre otros múltiples factores. Por otra parte, la acumulación de cansancio crónica lleva a una serie de problemas en todo sentido. Es fundamental entonces promover un sueño saludable para todos los miembros de la familia.

Como padres, queremos dar las mejores herramientas para el desarrollo a nuestros hijos. Una de ellas es el sueño: un sueño suficiente y de la mejor calidad. Aparte de los hábitos de sueño, rutinas, horarios, siestas, etc. que influyen en el descanso de la familia, está el “lugar” donde duerman. Muchas personas optan por el colecho, otras deciden que cada uno duerma en su propio espacio. La cuestión principal a considerar es: ¿están todos teniendo un sueño saludable y suficiente? ¿Se despiertan a la mañana descansados, con energías recuperadas, contentos? Eso es lo que habría que analizar, para en base a eso mantener la decisión, o realizar los ajustes necesarios para promover un descanso saludable y suficiente.

El otro punto que mucha gente discute alrededor de este tema es el vínculo entre padres e hijos. ¿Tiene un mayor apego un niño que duerme en la misma cama con sus padres o un niño que duerme en otra cama o en otro cuarto? ¿El vínculo se fortalece al dormir con nuestros hijos o no? Es una sensación hermosa abrazar a nuestros hijos y verlos dormir. Sin embargo, el colecho no es determinante del vínculo entre un padre y su hijo. La relación que el padre tenga con su hijo durante el día, el tiempo que comparta con él, la calidad de este, sus interacciones, su cariño, etc. todo eso es lo que le marcará el apego. La distribución que una familia escoja para dormir (en la misma cama, en diferentes espacios en el mismo cuarto, o en distintas habitaciones) no crea por sí misma ningún tipo específico de relación familiar que no se haya conformado durante el día. Si la relación familiar es satisfactoria en el día, esta continuará al a noche, sea cual sea la distribución al dormir. Puede ser que sea un padre ausente todo el día. O un padre presente, pero que no interactúa con el hijo, por estar tan agotado que no tiene ni ánimos para jugar o tener paciencia para los momentos difíciles. Por otro lado, unos padres que tienen una hermosa relación en el día, una tranquila y agradable rutina para acostarse, terminan el día de una manera linda, y cada uno duerme en su habitación tranquilamente y al día siguiente funcionan bien.

No estoy a favor de argumentar que la autoestima, seguridad o independencia de un niño está marcada por compartir o no cama con los padres. Creo que esto está más marcado por cómo es la relación con el niño, qué interacción recibe de sus padres, qué atención, nutrición emocional, cariño, tiempo, confianza, seguridad, interrelación, ejemplo, oportunidades de compartir, de aprender, etc. que recibe en su día a día. Aquello es lo que hay que nutrir. No decidir compartir o no la cama por lograr un mayor apego o suplir un vínculo.

 

Si una familia opta por realizar colecho pues lo ven como la mejor opción para su descanso, es necesario que este sea practicada de forma segura y satisfactoria para todos.

Cabe mencionar que existen diferentes tipos de colecho. Se puede practicar el colecho compartiendo la misma cama con el niño, o poniendo al bebé en una cuna pegada a la cama de los padres, como una extensión de esta, o simplemente que el pequeño duerma en un corral o cuna en la misma habitación de los padres.

Cada opción debe ser practicada siguiendo ciertas normas básicas de seguridad, para asegurarnos que no haya riesgo para el bebé: riesgo de asfixia o de muerte súbita del lactante.

La Academia Americana de Pediatría no recomienda dormir en la misma cama con bebés menores de 4 meses de edad, ni prematuros ni de bajo peso. Sin embargo, motiva a que los padres compartan habitación con su hijo hasta los 6 meses, e idealmente hasta el año.

Existen ciertas condiciones en las que compartir la misma cama con el bebé está totalmente contraiindicado por el riesgo que supone. Entre otros están: padres fumadores, padres que hayan consumido alcohol, drogas o sustancias sedantes, obesidad sin que sea el bebé lactante. También se debe tomar en cuenta que el colchón debe ser firme y plano, no debe haber sábanas o mantas que puedan obstruir la cara del bebé, no sobrearropar al niño, el entorno debe ser ventilado, etc.

También es de suma importancia nunca quedarse dormido con el bebé en brazos en un sillón, mecedora o sofá, por ejemplo, después de alimentarlo. Es extremadamente peligroso.

Una norma importante a recordar es siempre acostar al bebé boca arriba, hasta que aprenda él solo a darse la vuelta. Incluso después de cada toma, se debe volver a acostar al bebé boca arriba.

En conclusión, sea cual sea la decisión que se tome como familia, es importante priorizar que todos sus miembros estén teniendo un sueño saludable y suficiente. Además, que todos estén de acuerdo y gustosos en practicar aquella distribución. Y, finalmente, que esta contribuya a tener una dinámica familiar sana y feliz.

Los beneficios de acostar temprano a nuestros hij@s

Los beneficios de acostar temprano a nuestros hij@s

¿A qué hora es mejor acostar a nuestros hijos a la noche?

Unos dirán que lo mejor es acostarlos lo más tarde posible para que duerman más largo o para que “caigan” rendidos en su cuna/cama.

Lo cierto que es totalmente lo contrario. La mejor “ventana” de tiempo para acostar a nuestros niños es entre 7 y 8 pm. Esto tiene enormes beneficios, no solo para nuestros hijos, sino también para los padres:

1.       Nos aseguramos sus 10 – 12 horas de sueño. La necesidad de sueño de un niño por la noche es alta. Es importante que podamos garantizar que el niño descanse el tiempo que su cuerpo requiere. De lo contrario puede acumular cansancio que afecta a su descanso y a su funcionamiento en el día. Si un niño duerme lo suficiente, no va a ser necesario “despertarlo” a la mañana para ir a algún lugar o comenzar una actividad. Por ejemplo, en niños que deben salir temprano con sus padres a la mañana, o asistir a centros educativos, y no se despiertan de manera natural, son sus padres quienes los deben levantar. Esto hace que les interrumpamos su sueño y se despierten cansados aún, incluso malgenio, irritables. No es la mejor forma de comenzar el día para la familia. Lo ideal es que todos nos despertemos de manera natural, y nos sintamos contentos y descansados por la mañana.

2.       Evitamos la acumulación de cansancio. Cada edad tiene cierta cantidad de tiempo que tolera estar despierto. No son las mismas necesidades de sueño de un bebé recién nacido, que de un bebé de 8 meses, un niño de 2 años o de 4. Es importante conocer cuánto tiempo pueden estar despiertos nuestros hijos para no sobre fatigarlos y mantenerlos despiertos cuando en realidad necesitan ya descansar. Si los acostamos muy tarde, ese bebé estará demasiadas horas despierto. Su cuerpo habrá acumulado más cortisol y adrenalina para aguantar. Entonces, le será más difícil conciliar el sueño a la noche y mantenerse dormido. Es totalmente contraproducente agotar a nuestros niños o mantenerlos despiertos hasta tan tarde con el afán de que duerman más largo o que concilien el sueño “rendidos” más fácilmente. Un niño que “se le pasa la hora”, se vuelve a activar, coge un “segundo aire”, y le será más difícil y le tomará más tiempo dormir. Muchos padres me cuentan que deben hacer mil quiromancias para que su hijo, que está super activo, finalmente duerma. Le prenden la televisión, le vuelven a acostar cien veces, lo pasean por toda la casa por horas, muchos incluso pierden la paciencia y solo le piden que se duerma en ese instante. Así, termina el día de manera tensa, el niño llorando, los padres frustrados y enojados. Un niño que acumula cansancio se muestra más irritable, con poca energía, mal humor, etc.

3.       Hará que no se despierten tan temprano! Sé que muchos pensarán lo contrario, que mientras más temprano lo acueste a mi bebé, más temprano se levantará, y a nadie le gusta madrugar antes de que amanezca. Sin embargo, cuando un niño se acuesta muy tarde, su cuerpo ha acumulado mayor producción de las hormonas que nos mantienen alertas y despiertos (cortisol, adrenalina). Esto hace que les sea más fácil despertarse especialmente a las horas de la madrugada (4-7 am). Allí es cuando empieza a amanecer, estamos más tiempo en sueño REM (que es un sueño ligero), y cualquier cambio en el ambiente (luz, sonido, temperatura, etc) es fácil que estimule un despertar.

4.       Tendrá un sueño más profundo. Al dormir más descansado, podrá estar en un sueño profundo el tiempo necesario, y no mantenerse en un sueño ligero, del cual es fácil despertarse y tener noches interrumpidas.

5.       Reduce la probabilidad de que los niños experimenten trastornos de sueño, como terrores nocturnos o pesadillas. Estos episodios generalmente ocurren por acumulación de cansancio. Cuando un niño se acuesta muy cansado o no ha dormido lo suficiente en el día y en la noche, es más propicio a sufrir estas parasomnias. Los niños en la primera porción de la noche pueden tener episodios de llanto fuerte, agitado, movimientos bruscos, comportamiento muy atemorizante para los padres que lo presencian. Y sin embargo, están dormidos y al día siguiente no se acuerdan. Esos son los terrores nocturnos. O durante la segunda porción de la noche, pueden despertarse asustados, llorando, angustiados por lo que soñaron y con miedo de volver a dormirse. Han sufrido una pesadilla.

6.       Tener el sueño suficiente hará que aprendan y se desarrollen mejor. El sueño es una herramienta básica para el desarrollo de los niños. Durante el sueño, no solo descansamos, sino que se dan varias funciones cognitivas para consolidar aprendizajes, memoria y atención. Pronto sus hijos irán a la escuela, y es necesario que tengan unos buenos hábitos de sueño para rendir al máximo de su potencial, aprender positivamente y funcionar bien en las distintas actividades de su día a día.

7.       Los padres tienen tiempo para ellos mismos, como individuos y como pareja, desde una hora temprana a la noche. Muchos padres me cuentan que como sus hijos se duermen tan tarde (10- 11 pm), ellos recién a esa hora (agotados!) pueden ponerse al día con sus labores, terminar algún trabajo pendiente, cenar con su pareja, ver una película, conversar, compartir, o simplemente descansar! Es tan importante priorizar el tiempo de pareja. Al tener la tranquilidad de que nuestros hijos duermen tranquilos desde temprano, pueden disfrutar más tiempo de calidad con su esposo/a y fortalecer la relación cuyos frutos son estabilidad y amor hacia sus pequeños.

Estos son algunos de los beneficios de acostar temprano a nuestros niños, para que se despierten contentos, descansados y con energía para disfrutar y funcionar bien en sus días. El acostarlos temprano es parte de vivir con una adecuada higiene de sueño.

Si necesitas ayuda para mejorar los horarios de tus hijos y que toda la familia duerma bien, no dudes en contactarme.

dani@duermebebe.com

0995858161

 

 

10 TIPS PARA AYUDAR CON LA ANSIEDAD DE SEPARACIÓN

10 TIPS PARA AYUDAR CON LA ANSIEDAD DE SEPARACIÓN

Debes salir a una cita médica. Tu mamá va a quedarse por una hora con tu bebé hasta que regreses. El momento de despedirte, tu hijo comienza a llorar desconsoladamente y no sabes qué hacer para poder irte tranquila. “¿Estoy haciendo algo mal?”, es una duda que frecuentemente se nos puede venir a la mente.

Ser padre es una tarea hermosa, pero llena de responsabilidades e incertidumbres. En esta era donde tenemos fácil acceso a toda la información, los padres podemos sentirnos abrumados con sentimientos de culpa o confusión.

“¿Estoy haciendo algo mal?”  La verdad es que ninguna mamá o papá hace algo para dañar a su hijo, lo que hace lo hará con el mayor amor y siempre pensando en el beneficio de sus pequeños. Sin embargo, a veces uno no sabe cómo manejar ciertas situaciones y termina sintiéndose estresado o preocupado. Un ejemplo es cuando nuestros bebés comienzan a sentir la “ansiedad de separación”. El bebé comienza a llorar si su mamá desaparece así sea unos segundos de su campo visual. Uno no sabe si le pasa algo, si uno hizo algo mal, etc. Y al mismo tiempo, ve a otros bebés como se quedan encargados por horas con alguien más y no tienen problema alguno. De hecho, se quedan tranquilos y felices. Lo primero que hay que recordar es que no debemos compararnos con otras madres, con otros niños o con lo que escuchamos por ahí. Cada niño es distinto. Además, la crisis de ansiedad de separación es normal. Es parte del desarrollo normal de un niño y aparece entre los 6 – 8 meses de edad. Ahí es cuando el bebé empieza a comprender que las cosas continúan existiendo, aún cuando no las pueda ver. Es un hito del desarrollo cognitivo del niño, llamado “permanencia del objeto”. Es entonces cuando nuestros hijos entienden que si su mamá, que es su mundo entero, no está allí, significa que está en algún otro lugar. Y puede pensar que ya no va a regresar. Es por eso que puede ponerse muy ansioso, irritable o intranquilo, cada vez que uno se aleja unos momentos de su bebé. Esta reacción es algo normal, es natural, es parte de su desarrollo cognitivo y emocional, y además, es señal de que tiene un apego seguro con sus padres. Sin embargo, esto puede preocupar a la madre que debe salir unos momentos o encargar a su pequeño mientras va a trabajar.

¿Qué podemos hacer para hacer esta etapa menos difícil?

1.       Transmite tranquilidad a tu bebé: tu pequeño percibirá cómo tú te sientes. Trata de estar tranquila y transmitir paz a tu hijo cuando lo vayas a dejar, para que vea que no se sienta inseguro al dejarlo.

2.       Déjalo jugar unos momentos en su habitación sin directa supervisión: mantente cerca para asegurarte que esté bien, pero sal unos momentos de su campo visual, así podrá practicar.

3.       No lo evites si es algo que debes hacer: a veces por miedo a que tu bebé tenga esta reacción (que es normal) comenzamos a evitar totalmente separarnos de nuestros hijos. Pero en ocasiones esto es inevitable y debemos encargarlos, ya sea para hacer cualquier pequeña tarea que necesitemos, y no debemos sentirnos malas mamás por esto, sino entender que es una reacción normal.

4.       Empieza despacio: una vez que tu pequeño comience a darse cuenta que a veces se quedará con alguien más que no es su mamá, trata de que las primeras “salidas” sean cortas, para que no sea mucho tiempo el que pasa sin ti al inicio.

5.       Comienza encargándolo con alguien familiar para el bebé: trata de que las primeras veces que lo encargues lo hagas con alguien con quien tu hijo ya ha pasado tiempo y ha compartido momentos junto a ti.

6.       Quédate unos momentos con él: cuando llegue la persona que lo va a cuidar (abuela, niñera, amiga, etc.) quédate unos momentos con ella/él y tu bebé. Así verá que es alguien de confianza para ti, lo que le ayudará a sentirse más seguro y tranquilo.

7.       Despídete: así tu pequeño llore unos minutos cuando te despidas, es importante que lo hagas. Dale un besito, abrázalo, dile con quien se queda y cuéntale que regresarás en un rato más.

8.       Instaura una rutina: Como a la hora de acostarse, una rutina para despedirte antes de irte le ayudará a tu bebé a reconocer y aceptar la situación. Unos besos o abrazos especiales, una frase clave entre tú y tu pequeño, una seña que solo ustedes sepan, lo hará sentirse más cómodo. Poco a poco comprenderá que vas a regresar y se quedará tranquilo.

9.       Háblale en términos que te comprenda: en lugar de explicarle cuánto tiempo te vas a demorar en regresar (“Volveré en 2 horas”), mejor díselo haciendo referencia a algo específico de la rutina de su día: “Simón, regresaré cuando ya te despiertes de la siesta” o “Volveré a la hora del baño”. Y ¡no olvides cumplirlo a como dé lugar!           

10.   Cuando vuelvas a verlo, llénalo de besos, mimos y recuérdale que siempre vas a regresar con él.

Nada va a evitar completamente que tu hijo se ponga un poco molesto cada vez que lo dejes. Es normal. ¡Eres su persona favorita en todo el mundo! Pero puedes ayudar a disminuir esto un poco.

Ahora, recuerda que estos tips aplican a los niños que atraviesan una crisis de ansiedad por separación normal y rutinaria. No obstante, existe una condición llamada Trastorno de Ansiedad por Separación, la cual es ya algo más serio, y requiere una consulta con tu pediatra para ayudar a tratarlo.

Intenta estas recomendaciones y ten paciencia. Poco a poco tu pequeño comprenderá el concepto de que tú puedas ir y volver siempre junto a él.         

Terrores nocturnos

Terrores nocturnos

La mañana siguiente a Navidad recibí una llamada de una mamá muy querida. Estaba muy angustiada porque la noche anterior su hija había tenido un episodio inusual, un terror nocturno. “Dani, ¿le habrá pasado algo? ¿La debo llevar al médico?

Me contó que a la noche escuchó que su hija se despertó gritando terriblemente y llorando desconsolada, de una manera muy inusual. No estaba totalmente despierta. Los padres no sabían qué hacer para calmarla, le cambiaron el pañal, arrullaron, etc. Sin embargo, después de unos minutos María volvió a quedarse dormida. Los padres se quedaron muy preocupados… hasta buscaron información en internet a la madrugada para encontrar alguna respuesta. Al día siguiente, María se despertó a la hora normal, y estaba muy tranquila y feliz como siempre. ¿Qué había sucedido?

Después de conversar qué es lo que pasó durante ese día, cómo estuvo su siesta y su noche, era claro que la pequeña no había descansado lo necesario. Obviamente, era un día fuera de lo común: pasaron Navidad con toda la familia, todos querían compartir con María, y ella no pudo dormir lo que acostumbra.

Esta niña había acumulado bastante cansancio, estuvo muchas horas despierta, y se acostó tarde; esto sumado a toda la actividad y estimulación de aquel día especial, hizo que se produzca este episodio de terror nocturno que asustó a todos.

Generalmente, la causa de los terrores nocturnos es la acumulación de cansancio. Estos episodios suceden en la primera porción de la noche y en fase No REM. Esta es la fase de sueño profundo, que es la que ayuda a nuestro cuerpo a recuperarse del cansancio. Cuando un niño no ha dormido lo necesario, se acuesta muy cansado a la noche. El cuerpo, para compensar, permanece más tiempo en esta fase de sueño profundo e incluso la hace más profunda, y esto hace que el pasar a una fase más ligera sea más difícil. Los terrores nocturnos justamente se dan cuando el cuerpo tiene dificultad de pasar de una fase profunda de sueño a una más ligera. Entonces, se da esta parasomnia. El niño puede sentarse, incorporarse, tener movimientos bruscos y violentos, rechaza el contacto físico, gritar desesperado, llorar inconsolablemente, mostrarse muy agitado, con sudoración, su respiración y ritmo cardíaco se aceleran, sus ojos pueden estar abiertos y sus pupilas dilatadas pero parece no fijarse en nada, no parece estar consciente ni reconocer a sus padres[1]. Y al cabo de unos minutos, se calma y vuelve a dormir plácidamente. Al día siguiente no se acordará de lo sucedido. Pero los padres sí. Es un episodio que asusta.

Para prevenir este tipo de trastornos de sueño, lo mejor es procurar que los niños duerman lo que necesitan, tanto en el día (sus siestas) como en la noche. Además, que se acuesten descansados y tranquilos. También es importante procurar mantener su rutina lo más regular posible, incluso en días agitados como Navidad. Poco a poco, sus hijos crecerán y ya podrán aguantar más tiempo despiertos para disfrutar más con la familia. Pero a edades tempranas, es mejor no sobre fatigarlos con actividades hasta tan tarde.

Durante un episodio de terror nocturno, los padres deben permanecer junto a su hijo de forma discreta, casi sin intervenir, pues muchas veces hasta rechazan el contacto. Debemos estar pendientes de que no se haga daño ni se lastime. No debemos intentar despertarle, porque su hijo no está consciente y, si lo logran, se despertará desorientado y le costará más calmarse y conciliar el sueño nuevamente.

Me han preguntado también por otro tipo de trastornos, las pesadillas. Estas son distintas a los terrores nocturnos. Suceden en la etapa de sueño REM, que es donde se dan los sueños Se dan generalmente en la segunda mitad de la noche. Los niños al despertarse de una pesadilla sí están conscientes y recuerdan lo que soñaron. Tienen miedo de volverse a dormir porque están asustados. En esos casos es importante consolarlos, abrazarlos, reconocer su miedo, pero hacerle saber que ustedes están ahí para protegerles. Es mejor no preguntarles qué soñaron para no revivir la ansiedad, sino más bien decirles que están ahí, y tranquilizarles diciéndoles que la buena noticia es que cuando se vuelvan a dormir ya tendrán un sueño lindo. Igualmente, estos episodios generalmente se evitan procurando que los niños duerman lo necesario y no se sobre agoten.

La mamá con la que conversé se quedó más tranquila. Entender los terrores nocturnos reduce la preocupación de los padres y nos ayuda a reflexionar qué podemos hacer para evitar que se repitan. No obstante, si su niño está teniendo estos episodios muy frecuentemente, es importante que consulte con su pediatra para descartar cualquier otro problema.

 

[1] Ref. Jové, Rosa. Dormir sin lágrimas. Ed. La esfera de los libros, 2007, España, pp. 132-147.

¿Cómo alargar las siestas de mi bebé?

¿Cómo alargar las siestas de mi bebé?

Comenzó un nuevo día con tu bebé, lo levantas, le alimentas, lo cambias, juegas con él y salen a dar un paseo. Luego, cuando es momento de su primera siesta, lo arrullas y lo pasas ya dormido a su cuna. Pero, 30 minutos después… ¡se despierta! Sin embargo, no se despierta tranquilo. Está irritado, mal genio, sientes que realmente no durmió lo suficiente. A pesar de intentar que vuelva a dormir, no lo logras. Entonces, continúas tu día, esperando que para la siesta de la tarde, al estar más cansado, dormirá más largo. Sin embargo, se repite exactamente lo mismo. Siestas de más de 30 minutos no están sucediendo con tu bebé.

¿Qué podemos hacer?

El sueño de los bebés, como el de todos nosotros, funciona en ciclos. Empezamos el ciclo en un sueño muy ligero, donde es fácil despertarnos. Gradualmente, pasamos a fases más profundas, donde incluso ruidos o movimientos fuertes no nos despiertan. En estas fases es donde realmente descansamos. Aquí nos rejuvenecemos, nuestro cuerpo y cerebro realizan todas las funciones de mantenimiento necesarias para sentirnos refrescados, con mente clara y lúcida y con energía para funcionar adecuadamente en el día.

Lentamente, pasamos a la última parte del ciclo, donde volvemos a estar en una fase ligera de sueño. Enseguida, nos despertamos por unos segundos y nos volvemos a dormir, empezando todo el ciclo nuevamente.

En los adultos, generalmente los ciclos duran alrededor de 90 minutos. En los bebés, estos ciclos pueden ser tan cortos como de 30 minutos.

Por lo tanto, que tu bebé se despierte de su siesta después de haber dormido solamente media hora es, de hecho, completamente natural. Pero…. ¿por qué hay bebés que duermen siestas de 1, 2 o 3 horas? La verdad es que aquellos niños lo que están haciendo es “conectar” ciclos de sueño por sí mismo. La clave de todo es que el bebé debe tener una estrategia propia para dormir. Así, cuando tenga ese micro despertar al terminar un ciclo, pueda continuar durmiendo sin problema y descansar todo lo que necesite en su siesta. Esto hará que tu bebé tenga unas siestas más sólidas, se despierte más animado, tranquilo y con mayor energía. Y, adicionalmente, unas siestas de mejor duración tienen un beneficio para ti también. Tendrás un poco más de tiempo para realizar aquellas tareas que necesitas hacer u organizar mejor tus actividades del día a día. Incluso, puedes tomar una pequeña siesta tú también!

Entonces, volvamos a aquel primer escenario, donde arrullabas a tu bebé y lo acostabas dormido en la cuna. Es allí donde debemos detenernos y hacer algunos cambios. Si tu hijo siempre depende de una ayuda externa para conciliar el sueño, le va a ser muy difícil conectar ciclos de sueño solo. Aquellas ayudas pueden ser todos los estímulos que el bebé utiliza para hacer la transición de estar “despierto” a estar “dormido”. Por ejemplo: el chupón, el biberón, pasearlo, rebotar en una pelota, pasearlo en el coche, o en el carro, etc. Lo ideal sería que lo acuestes despierto, para que él pueda desarrollar una herramienta propia para conciliar el sueño.

Otros puntos clave que te ayudarán a alargar las siestas de tu bebé son:

  • ¡Oscuridad! Mantén la habitación donde toma las siestas lo más oscura posible. Esto contribuirá a que tenga una mayor producción de melatonina, la hormona del sueño.
  • Si tu casa es muy ruidosa, o tu bebé es muy sensible a los sonidos externos (ladridos de un perro, el timbre de la casa, la construcción de al lado, etc.), puedes utilizar ruido blanco para amortiguar los sonidos del ambiente. Son sonidos que se asemejan aquellos que él escuchó en tu vientre. Se parecen al ruido de aspiradoras, secador de pelo, cascadas, etc. Hay varias aplicaciones en el internet para bajarse. Solo asegúrate que el volumen no sea muy fuerte ni lo pongas muy cerca de sus oídos.

Y si estás teniendo problema en aplicar estas recomendaciones, contáctame para coordinar una llamada. La solución podría ser más simple de lo que imaginas. La mayoría de los padres con los que trabajo ve enormes progresos en 2 – 3 días.

10 puntos clave para preparar a tus hijos antes de dormir

10 puntos clave para preparar a tus hijos antes de dormir

¿Cuántas veces hemos escuchado que es importante tener una rutina para dormir? A veces uno no se detiene a reflexionar sobre este punto. Pero, la verdad es que es de suma importancia el que hagamos siempre una serie de actividades y que creemos el ambiente propicio para ayudar a nuestros hijos a dormir mejor. Una adecuada rutina y ambiente preparará la mente y el cuerpo de nuestros niños para conciliar el sueño.

¿Cuál es la rutina ideal? No existe una receta única ni perfecta. Cada familia debe analizar qué es lo que le resulta mejor. Sin embargo, hay ciertos puntos clave que debemos tener en cuenta:

1)      Bajar las luces: empezar a bajar las luces de la casa o del cuarto alrededor de 15 minutos antes de acostar a nuestros niños ayuda a que el cerebro comience a producir melatonina, la “hormona del sueño”.

2)      ¡No pantallas! Esta sí es una regla de oro. Evita exponer a tus hijos a pantallas (televisión, celular, tablets) 1 hora antes de dormir. Estas emiten luz azul que interfieren con la producción de melatonina y puede alterar el ritmo circadiano. Necesitamos una adecuada producción de esta hormona para conciliar el sueño más fácilmente y mantenernos dormidos durante la noche.

3)      Duración: una rutina adecuada dura alrededor de 30 minutos. Esta no debe ser ni muy corta que no dé señales al cuerpo y mente del niño para prepararse, ni tan larga que el niño pierda la conexión con ir a dormir y se vuelva a activar.

4)      Actividades relajantes: incluye en la rutina de tu hijo actividades que le ayuden a reducir sus niveles de energía y a relajarse. Un baño, escuchar música suave, un masaje, cantar una canción, un cuento, abrazarse, acurrucarse y conversar cómo estuvo el día, son ejemplos de unos buenos pasos que incluir. Por otro lado, juegos muy bruscos, correr por toda la casa, etc. no es buena idea en este momento del día, pues activará a nuestros niños y les tomará más tiempo y esfuerzo “bajar las revoluciones” y dormir. 

5)      Consistencia: no olvides mantener las actividades y el orden de las mismas, así será más fácil para tu bebé comprender y prepararse para dormir. Mantener una rutina constante hará que tus hijos concilien el sueño más rápida y fácilmente. Procura mantener la misma rutina cuando vayas de vacaciones o salgas de viaje. La consistencia crea predictibilidad, y la predictibilidad da seguridad en los niños.

6)      Apoyo visual: con niños más grandes, puedes incluir cuadros con dibujos donde se grafiquen los “pasos” que darán antes de dormir. Esto le ayudará a involucrarse, a saber qué debe hacer y que esté establecida una estructura que hará que la hora de dormir fluya más fácilmente.

7)      Agradable y tranquila: Estos 2 puntos son indispensables. Los momentos para terminar el día deben ser agradables para toda la familia, que lo disfruten tanto los padres como los chiquitos. Antiguamente, los padres recurrían al sonado castigo: “¡Si te portas mal, te vas a dormir!”, creando una connotación totalmente negativa con el hecho de ir a la cama. Debe ser todo lo contrario: que sea un momento de vínculo de la familia para cerrar de una manera tranquila y unida el día. En mi casa, uno de los momentos más lindos del día es la lectura del cuento antes de acostar a mis hijas. Lo disfrutan enormemente.

8)      Participativa: dejar que tus hijos sean protagonistas de la rutina para dormir es importante, especialmente en niños más grandes. Permite a tu hijo escoger un cuento, o elegir una pijama entre pocas opciones. Le gustará tener cierta autonomía de decisión. Interactúa con él en la lectura del cuento o el baño. Conversa con él al final del día, con preguntas sencillas como: “¿Qué fue lo más lindo de tu día?, ¿Qué no te gustó de hoy?, ¿Qué fue lo más divertido que hiciste? ¿Qué te gustaría hacer mañana?”. Crearás confianza para que te cuente sus cosas.

9)      ¡Sin prisas! ¡Disfrútalo! Reserva tu atención completa y tu tiempo para realmente vivir con tus 5 sentidos esos momentos antes de acostar a tu hijo. Seguramente, tu pequeño espera con ansias ese rato de tu atención exclusiva y es parte importante para él. Disfrútalo tú también. Apaga la TV, el celular, sumérgete en esos momentos con tu bebé. Si últimamente la hora de acostar a tu hijo es una batalla, hay llantos, peleas, pierdes la paciencia y no es algo que añoras al terminar el día, te animo a que te lo tomes con calma. Prueba quedarte unos minutos más junto a tu pequeño, mímalo, abrázalo, conversa con él y cuando esté tranquilo puedes salir de la habitación.

10)   Acuéstalo despierto: Por último, es importante que tu hijo esté consciente dónde está al momento de conciliar el sueño. Al acostarlo despierto él podrá ir desarrollando sus propias estrategias para dormir.

Si aún no tienes una adecuada rutina para dormir, pon en práctica estas recomendaciones y ten en cuenta que los cambios toman tiempo. Ten paciencia y acompaña a tu hijo a desarrollar buenos hábitos de sueño. Encuentren juntos una rutina apropiada para hacer del momento de acostarse a dormir una experiencia agradable y tranquila para todos. Mantén la consistencia y asegúrate que tu pequeño comprenda la importancia de dormir bien.

¿Qué podría cambiar para que mi bebé duerma mejor?

¿Qué podría cambiar para que mi bebé duerma mejor?

-          “¿Qué podría hacer para mejorar el sueño de mi bebé? ¿Hay algo que pueda hacer diferente?” – son inquietudes que escucho a menudo de los padres con los que trabajo.

Cuando conversamos, siempre les pregunto cómo es la rutina que hacen antes de acostar a su hijo. Y la mayoría de veces, por no decir todas, es allí donde son necesarios algunos ajustes.

Cuántas veces hemos leído en libros o artículos sobre sueño infantil que es importante tener una rutina para acostar a nuestro bebé. Y uno piensa: “Sí, si la tengo, pero igual mi hijo sigue sin dormir”, y no le da tanta importancia. Pero es justo en aquellos pasos previos en donde está la clave de por qué se despierta o llora tantas veces a la noche.

Una rutina antes de acostarlos es fundamental para crear predictibilidad en nuestros hijos, ya que prepara su mente y cuerpo para ir a dormir y para hacer la transición del día a la noche.

Incluso los adultos tenemos rutinas. Todos hacemos ciertas actividades en un determinado orden antes de acostarnos cada noche. Sin hacerlas, podemos sentirnos un poco ansiosos o perdidos, y se nos puede hacer un poco más difícil conciliar el sueño. Somos criaturas de hábitos, y somos muy protectores de ellos, especialmente de aquellos para dormir.

Definitivamente es importante tener una buena rutina para dormir. Por ejemplo, han escuchado que podemos darle un baño a nuestro bebé, ponerle su pijama, leer juntos un cuento, o cantar una canción y alimentarlo… Aunque no lo parezca, es justo en uno de esos “pasos” (o en el orden de hacerlos) donde la mayoría de veces reside el error # 1 al hacer dormir a nuestro bebé.

Tener una toma (ya sea lactar o biberón) antes de acostar a nuestro bebé está perfecto, de hecho es imprescindible. Sin embargo, el problema está cuando uno alimenta a su bebé para dormirlo! Entonces, el bebé ha asociado que el comer es su “señal” para comenzar a dormir. ¡Es justo ahí donde necesitamos hacer un cambio!

Si le damos de comer a nuestro bebé “para dormir”, e incluso apagamos todas las luces, arreglamos todo el ambiente para promover el sueño, todo esto ya da la pista al cerebro de nuestro bebé de que es hora de dormir.

La mayoría de padres con los que he trabajado, le dan de lactar o le dan el biberón a su bebé para dormirlo. Luego lo acuestan totalmente dormido en su cuna. Sin embargo, al hacer esto, seguramente no pasará ni 1, ni 2 horas antes de que su bebé se despierte nuevamente… y deban empezar todo el proceso otra vez.

El que la comida sea el último paso antes de dormir, o sea la herramienta para conciliar el sueño, es lo que causa que su hijo asocie comer con dormir. Con esto, el bebé no podrá volver a conciliar el sueño por sí mismo cada vez que se despierte en la noche, pues necesitará aquel estímulo cada vez.

Por esto, es recomendable que la última toma del día no se la haga con las luces totalmente apagadas, sino manteniendo al bebé despierto.

Adicionalmente, si tu hijo tiene una estrecha asociación entre comer y dormir, lo mejor es incluir un “paso” adicional entre comer y dormir para romper esta conexión. Por ejemplo, le puedes dar de lactar, luego leer un cuento juntos o cantar una canción, y posteriormente acostarlo despierto. Si tu bebé ya es más grande, te sugiero intentar que la toma sea el primer paso de la rutina y luego inicies con el baño y las siguientes actividades.

Si estás teniendo problemas con el sueño de tu bebé y se despierta múltiples veces a la noche, analiza cómo es la rutina que hacen antes de acostarle. Seguramente, necesitarás hacer algunos cambios en ella. Si necesitas más guía o ayuda para realizar estos cambios y mejorar el sueño de tu bebé, no dudes en contactarme.

El enemigo # 1 de los niños

El enemigo # 1 de los niños

Imaginemos estos escenarios:

  • Un bebé de 9 meses, irritable, llorando, no quiere comer ni jugar, es difícil calmarlo.
  • Un pequeño de 2 años, teniendo una rabieta en la noche o totalmente hiperactivo, saltando por los muebles de la sala sin dar señal de querer dormir.
  • Un niño de 7 años en el salón de clases desatento, con dificultad para aprender, con poco ánimo para trabajar.

¿Qué factor pueden tener en común estas tres situaciones?

Seguramente coincidimos en que estos pequeños están cansados! Sí, el agotamiento es el enemigo # 1 de los niños.

Un niño que no duerme lo suficiente tendrá afectaciones en su funcionamiento en el día, en su estado de ánimo, su humor, en su energía física y mental, en su capacidad de aprendizaje, incluso en la facilidad para conciliar el sueño y mantenerse dormido en la noche.

Hemos escuchado tantos mitos sobre el sueño:

“No le dejes hacer siesta a tu bebé, porque así dormirá mejor a la noche”.

“Agótalo durante el día para que duerma mejor”.

“Mantenlo despierto y activo hasta altas horas de la noche porque así caerá rendido y no se despertará de noche”.

La verdad es que sucede todo lo contrario!

Existen dos factores claves para evitar la acumulación de cansancio en los niños: respetar las siestas y acostarlos temprano.

El sueño produce sueño. Mientras mejor duerma un niño sus siestas en el día (según su edad), mejor dormirá en la noche. El sueño diurno es imprescindible para impedir que el niño acumule cansancio. Las siestas son sumamente importantes para el bienestar y desarrollo físico y cognitivo de tu hijo. Tener las horas de sueño necesarias durante el día le ayuda a sentirse mejor, a aprender mejor, a estar más alerta, retener nueva información más fácilmente e interactuar mejor con otras personas. De lo contrario, tu bebé estará irritable, cansado y tendrá problemas para dormir a la noche. Estará “sobre fatigado” y le será más difícil calmarse y dormir. Unas siestas de buena calidad y adecuada duración asegurarán que en la noche él pueda dormir muchísimo mejor.

¿Cuántas siestas debería dormir mi bebé? Es una pregunta que recibo con frecuencia en mi consulta. Depende de la edad de tu hijo. El sueño es una necesidad evolutiva, y conforme el niño crece, necesita menor cantidad de siestas en el día, pues se consolida su sueño en la noche, pareciéndose poco a poco al sueño del adulto. Lo importante es estar atento a las señales de cansancio de tu hijo y a cuánto tiempo despierto ha pasado. Y si fue un “mal día de siestas”, lo mejor sería adelantar la hora de dormir.

Acostarlos temprano es una “regla de oro” para evitar el agotamiento en los niños. Si uno no aprovecha esa “ventanita” de sueño para acostarlos, y deja que sus niños se queden despiertos hasta altas horas de la noche, los niños se “vuelven a activar”, están de mal humor o con muchísima energía. Su cuerpo ha generado incluso más cortisol para aguantar despiertos. Lo ideal sería acostar a los niños pequeños entre 6h30 y 8 pm máximo. Esto para poder asegurarnos de 10 a 12 horas de descanso a la noche.

¿Consecuencias de no dormir lo suficiente? Si un niño no está durmiendo lo necesario, seguramente su sueño no será tranquilo a la noche. Pueden incluso aparecer trastornos como las pesadillas y terrores nocturnos, que interfieren con su sueño tranquilo. Estos episodios pueden mejorar enormemente procurando que en el día el niño haga sus siestas adecuadamente y que en la noche se acueste temprano.

Asegurar que tus hijos duerman lo suficiente es brindarles las mejores herramientas para su desarrollo. Como el Dr. Marc Weissbluth, autor de Healthy Sleep Habits, Happy Child, menciona: “El sueño es la fuente de energía que mantiene a tu mente alerta y calmada. Cada noche y en cada siesta, el sueño recarga las baterías del cerebro. Dormir bien aumenta el poder del cerebro, al igual que levantar pesas fortalece los músculos. Dormir bien incrementa los períodos atencionales y te permite estar físicamente relajado y mentalmente alerta al mismo tiempo. Así estarás en tus mejores condiciones”.

Entonces, la próxima vez que tu hijo atraviese una escena como las que describimos al inicio, analiza cómo está durmiendo tanto en el día como la noche. ¿Es necesario realizar algunos ajustes? Si necesitas una guía más personalizada para tu caso, no dudes en contactarme.

dani@duermebebe.com

¿Por qué mi bebé no duerme?

¿Por qué mi bebé no duerme?

¿Por qué mi bebé no duerme?

Recuerdo como me estremecía de frustración cada vez que alguien me preguntaba: “¿Cómo está durmiendo Olivia?”. Optaba por quedarme callada. Había intentado muchas cosas: darle de comer más cantidad antes de dormir, acostarla más tarde, bañarle en agua de lechuga por sugerencia de mi abuelita, hacerle masajes, dormir con ella, cansarla durante el día y no dejar que tome siestas, mecerla hasta que se durmiera… Sin embargo, ya tenía más de 1 año y ¡se seguía despertando 7 u 8 veces cada noche! Realmente estaba agotada. Por un lado, mi hija no estaba teniendo el descanso que necesitaba para su adecuado desarrollo. Y, por otro, la acumulación de cansancio estaba afectando mi salud, mi funcionamiento en el día, y ¿por qué negarlo? mi estado de ánimo, mi humor y mi paciencia! Quería con todas mis fuerzas que mi hija pudiera dormir mejor y que todos en la familia descansáramos. ¿Qué es lo que fallaba?

Todos tenemos estrategias que nos ayudan a conciliar el sueño cada noche. Tenemos una rutina que acostumbramos hacer, incluso sin pensar, porque nos ayuda a hacer la transición de las ocupaciones del día al descanso de la noche.

La mayoría de nosotros tenemos una posición favorita en la que nos acomodamos para dormir. Otros necesitamos siempre un vaso de agua en nuestro velador. A otros les gusta escuchar música, tomar un té o leer un libro. Todas estas son estrategias para dormir. Hábitos que hemos fortalecido de los que somos muy protectores.

Lo mismo sucede con los bebés y los niños. Muchos padres que no han dado a sus hijos la oportunidad de desarrollar una estrategia propia para dormir, se preocupan porque su bebé solo puede conciliar el sueño tomando biberón, lactando, con el chupón, o meciéndolo y paseándolo hasta que se duerma.

Sin embargo, al ofrecer siempre estas ayudas externas, los padres están reforzando en sus hijos la asociación de necesitar permanentemente aquel estímulo para dormir. Y esa es la razón por la que un bebé no duerme bien.

Muchos despertares nocturnos son muy comunes en bebés que no han desarrollado estrategias propias para dormir y que dependen siempre de una ayuda externa. Todos nos despertamos varias veces a la noche, cada vez que se termina un ciclo de sueño. Pero nos volvemos a dormir acomodándonos, dándonos la vuelta, etc. y muchas veces ni nos damos cuenta de esto. El problema está cuando un niño depende de una ayuda externa para dormir, pues no sabe cómo conciliar el sueño nuevamente y conectar ciclos de sueño solo. Entonces, cada vez que se despierta en la noche, y ya no está aquella ayuda, se despierta completamente y llora para que se le vuelva a dormir. No es que el bebé se despierta a propósito tantas veces a la noche. Es que no sabe cómo conciliar el sueño nuevamente sin la ayuda de sus padres.

Afortunadamente, sí hay algo que hacer.  Hay muchas maneras de darles a nuestros hijos las herramientas que necesitan para dormir de manera independiente, incluso desde una edad muy temprana. Los bebés son capaces de conciliar el sueño por sí mismos, también de dormir toda la noche cuando estén listos para hacerlo. El aprender aquellas destrezas desde pequeños hará que la hora de acostarse y las noches no sean algo a lo que muchos padres temen, sino que lo disfruten. La hora de dormir debería ser un momento agradable y de tranquilidad para toda la familia.

Un niño bien descansado, es un niño más alegre y saludable. Una mamá y un papá más descansados, son más felices también!

Tips para vacaciones

Tips para vacaciones

Si estás preparando un viaje familiar, es importante no perder de vista las necesidades de sueño de tu bebé! Te dejo algunos tips para manejar el sueño de tus hijos de la mejor manera durante los viajes.

Es posible viajar con bebés y niños, pero es importante atender también sus necesidades de sueño. Esto es crucial para que tu hijo disfrute el viaje, reciba el descanso que necesita y para que no esté sobre fatigado. De lo contrario, estará irritable, mal genio y no la pasará tan bien.

1) Cuida las necesidades de sueño de tu hijo, como lo haces con las necesidades de alimentación, ejercicio, etc.

2) No sobre agendes sus días. Rellenar de muchas actividades cada día agotará a tu bebé.

3) Lleva un corral o Pack and Play para que pueda dormir durante las vacaciones, así tendrá un espacio independiente para dormir y descansará mejor.

4) Cuida sus siestas, así tu hijo no estará agotado para la hora de dormir.

5) Recuerda acostarlos temprano.

6) Si tu hijo ya ha desarrollado sus propias estrategias para dormir, no vuelvas a antiguos hábitos durante las vacaciones.

7) Mantén la rutina y proceso para dormir lo más parecido a como lo hacen en casa, para así ayudar a tu bebé a prepararse para la noche.

8) Mantén la consistencia con lo que han establecido en casa.

9) No olvides llevar su muñeco u objeto favorito para dormir a los viajes.

10) Cuando vuelvan a casa, ten paciencia las primeras noches, puede haber un poco de desajustes en sus hábitos de sueño, pero con consistencia poco a poco volverán a la normalidad y seguirán durmiendo bien.

¿Listos para empezar clases?

¿Listos para empezar clases?

Mochila lista, útiles escolares comprados, uniforme nuevo, últimos días de campamentos… ¡Y la ilusión de pronto empezar un nuevo año lectivo! ¡Una mezcla de emociones para nuestros hijos!

Pero, ¿están tus hijos realmente listos para empezar este año escolar? ¿Cómo darles las mejores herramientas para que empiecen con pie derecho?

Ayúdales a tener un sueño saludable y suficiente, así aprovecharán de la mejor manera su día, tanto al aprender, como al jugar, relacionarse con sus amigos y descansar.

Recuerda que mientras dormimos se dan funciones muy importantes para el aprendizaje y desarrollo. Un ejemplo: durante el sueño se consolida la memoria y la atención, funciones cognitivas básicas para aprender y consolidar esas nuevas experiencias e información.

Te dejo algunas estrategias que puedes aplicar desde ya para mejorar el sueño de tus hijos para empezar la escuela:

1. Comienza a regular sus horarios: quedarse hasta tarde durante las vacaciones, pijamadas, etc. son frecuentes en estos meses de verano. Sin embargo, es importante que tus hijos vayan regulando sus horarios para que se acuesten temprano y aseguremos sus 10 a 12 horas de sueño. Empieza moviendo su hora de acostarse 15 minutos cada 3 días, hasta llegar a la hora ideal. Lo mejor es acostarlos entre 7 y 8 pm. Evita que acumulen cansancio y se les pase su hora de dormir. Si no se acuestan temprano, tendrás niños hiperactivos, irritables o que les tomará mucho tiempo y esfuerzo finalmente conciliar el sueño.

2. Involúcrales en el proceso: Entusiasma a tus hijos con ser los protagonistas de establecer la rutina para acostarse. Puedes crear un cuadro, donde ilustre las actividades de la rutina antes de dormir. La pueden revisar cada noche, incluso incluir stickers y dibujos. Recursos visuales funcionan muy bien con niños pequeños: les ayuda a saber qué deben hacer y qué viene después. Una buena rutina prepara a la mente y al cuerpo para dormir. Puedes incluir actividades como: un baño, alistar la ropa para el día siguiente, leer un cuento, conversar de las cosas lindas del día, etc. También puedes utilizar un reloj para que tus hijos sepan cuando acostarse y cuándo levantarse. Enséñales a ver la hora en un reloj digital o puedes adquirir relojes tipo “ok to wake”.

3. Crea las condiciones adecuadas para un mejor descanso: Es importante propiciar un ambiente adecuado para que tus hijos puedan dormir mejor. Para asegurar una adecuada producción de melatonina (la hormona del sueño), procura que tus hijos no estén expuestos a pantallas (celulares, televisión, tablets, juegos de video), al menos 1 hora antes de dormir. Estos aparatos emiten luz azul que interfieren con la producción de melatonina. Además, no olvides oscurecer bien el cuarto de tu hijo para dormir. Esto ayudará a que no se despierten tan temprano con los primeros rayos del sol del amanecer.

4. ¡Cuida su alimentación! No está de más analizar los alimentos que nuestros hijos ingieren al final del día, para que no interfieran con su sueño. Evita que coman dulces, leche chocolatada, gaseosas, o alimentos muy pesados a la tarde y noche.

Y… ¡no olvides tu ejemplo! La mejor manera de establecer buenos hábitos de sueño es modelando nosotros mismos aquellas buenas prácticas: apagar la televisión antes de ir a dormir, no quedarnos viendo el celular hasta altas horas de la noche, incluir la lectura antes de acostarnos, tener una rutina, dormir a una hora fija. Estas prácticas establecerán una buena “higiene de sueño” que nos ayudará a nosotros también a dormir mejor!

Si necesitas ayuda personalizada para mejorar los hábitos de sueño de tus hijos, no dudes en contactarme: dani@duermebebe.com

Mi segunda "primera cita"

Mi segunda "primera cita"

Salir a cenar a nuestro restaurante favorito, ir al teatro a la obra de un amigo y reír juntos, ir al cumpleaños de una amiga o a bailar… Disfruto salir con mi esposo, tenemos mucho de qué conversar y siempre me sorprende con anécdotas interesantes. Nos llevamos muy bien y es divertido pasar con él. Como él dice: ¡Son esos momentos los que cuentan!

Cuando nació mi primera hija, ¡se nos llenó el corazón de amor! ¡Qué alegría tan grande tener a esa pequeñita ahora con nosotros para formar la familia que con tanta ilusión esperábamos! Los primeros meses si bien fueron hermosos, fueron también una “montaña rusa” de emociones, de aprendizajes y claro, de “malas noches” también. No obstante, teníamos entendido que era “parte de ser padres”.

Queríamos mantener nuestra dinámica de pareja, acoplándola ahora a nuestra nueva vida de padres. Aunque estábamos cansados, preparábamos nuestras “citas” en casa: una linda cena los dos, picaditas, o poníamos música para bailar. Sin embargo, mi hija tenía ya más de 1 año y nuestras “citas” seguían siendo interrumpidas cada 30 o 60 minutos para que yo vaya nuevamente a darle de lactar para que pueda volver a dormir. Me había de cierta manera “acostumbrado” a esta dinámica: despertarme cada hora (¡o menos!) para ayudar a mi hija a conciliar el sueño nuevamente.

Sin embargo, el cansancio se acumulaba cada vez más y esto ya estaba cobrando factura. Si bien, como padres estamos dispuestos a realizar cualquier sacrificio por nuestros hijos, también es necesidad de los adultos poder dormir lo necesario, para poder recuperar nuestras energías y funcionar bien en el día. El tener noches tan cortadas durante meses y meses, estaba afectando bastante a mi salud, me sentía agotada y sin energía para empezar el día. Mi desempeño y concentración no era el mismo. Y, ¿por qué negarlo?: ya se estaban afectando mi humor, mi estado de ánimo y ¡mi paciencia! Y con esto, mis relaciones interpersonales. Quería con todas mis fuerzas estar de buen ánimo y tener la energía para compartir esos momentos con mi esposo. Pero, al llegar la noche, lo único que cruzaba por mi mente era cuántas horas (¡o minutos!) me quedaban para dormir… Recordando esto, me identifico con lo que hace poco una querida amiga con la que trabajamos, me comentaba: “¡Lo único que pienso todo el día es en dormir!” Así me sentía yo.

De todas maneras, igual compartía con mi esposo y con mi hija… pero debo confesar: ¡quería tanto poder descansar mejor para poderlos disfrutar al 100%! Me estremecía de frustración cada vez que alguien me preguntaba: “Y, ¿cómo está durmiendo Olivia?”. Mi respuesta ya era el silencio. Otras veces, la línea que me descomponía un poco era: “Es el cumpleaños de tal amigo el viernes de noche. ¿Vamos?”. Mi última prioridad era salir a la noche. Mi cabeza solo calculaba que tendría menos horas para dormir. Además, sabía que no iba a disfrutar nada, pensando angustiada en que mi bebé se despertaría ¡cada hora!

Recuerdo esta noche como si fuera ayer: era diciembre. Habíamos organizado una cena de navidad con unas amigas muy queridas. Había dejado a mi bebé bien comida, puesta la pijama, acostada en su cuna… ¡dormida! Me alisté, tenía mucho sueño, sin embargo, tenía ganas de ver a mis amigas y pasar lindo esa noche con ellas. Yo llevaba el postre esa vez. Ni bien llegué, me senté a la mesa, me serví mi plato… vi una llamada de mi esposo. Creo que es el hombre más paciente y tranquilo que conozco. Pero esa noche me pidió que por favor regrese: mi bebé no podía dormir y él no podía hacer nada para calmarla. Allí quedaron mi postre y mi regalo de “amiga secreta”.

Tiempo después, mi hermana nos invitó a pasar unos días en Puerto López. Me encantaba la idea de que mi hija disfrutara del mar y gozara con la arena. ¡Disfrutó muchísimo la playa! Sin embargo, al estar allá, ¡mis noches fueron agotadoras! Incluso llevamos su corral, con la ilusión de que durmiera allí. Pero al final, no fue posible... la tuve en mis brazos, sentada, ayudándole a dormir la noche entera. No compartí tiempo más allá de las 7 pm con mi hermana, mi cuñado, y mi esposo. A esa hora iba al cuarto a acostar a mi hija y yo caía rendida a su lado. Sabía que algo había que hacer….

Pasaron meses… y las cosas no cambiaban. Quería que la situación mejorara, pero no sabía cómo empezar. Ni mi hija, ni nosotros estábamos descansando bien y eso no estaba funcionando. Investigué bastante, pedí ayuda y consejo a muchas personas. Las recomendaciones iban de extremo a extremo. Me sentía confundida y abrumada. Finalmente, encontré la ayuda que necesitaba. El Programa Sleep Sense de EEUU concordaba con mi sentir como madre y como psicóloga. Logramos realizar los ajustes y cambios en nuestra dinámica que dieron como resultado que mi hija mejore sus hábitos de sueño, tenga sus propias estrategias para dormir y logre descansar toda la noche tranquilamente. Literalmente, ¡nos cambió la vida!

Más adelante, fui a entrenarme y obtener la certificación en el Programa para poder ayudar a más familias en este tema tan importante. Se complementaba perfectamente con mi formación y experiencia en Psicología, Educación y trabajo con niños y familias. 

Un tiempo después volvimos a visitar a mi hermana a la playa de Puerto López. Como buena madrina de mi hija, mi hermana se ofreció a cuidarla mientras mi esposo y yo salíamos a cenar juntos (¡a los años!). –“No te preocupes!”- me dijo. Era la primera noche que encargábamos a mi bebé en su vida. ¿Tenía nervios? Sí, como cualquier mamá que deja a su bebé por unas horas por primera vez. Pero, lo mejor era que ¡ya no sentía angustia! Angustia de que mi bebé se despertaría cada hora y que no podría volver a dormir sin mi, angustia de ver mi celular cada 10 minutos para recibir una llamada o un mensaje de mi hermana para pedirme que vuelva porque mi hija lloraba, angustia de ver mi reloj y contar cuántas horas se me estaban restando a mi descanso… ¡Esa noche comimos delicioso! Una pasta italiana espectacular, con una copa de vino muy merecida. Todo mientras compartimos como siempre amenas conversaciones y bromas con mi esposo… ¡Habíamos vuelto a tener una cita!  

Cuando converso ahora con padres en mi consulta, solemos topar el tema de la importancia de compartir en pareja. No solo para el matrimonio, sino también por nuestros hijos. No es necesario salir de casa para tener una cita, pero sí es importante tener ese tiempo (¡y que sea de calidad!) para seguir fortaleciendo nuestra relación. Así sean unos momentos al final del día para conversar cómo estuvo nuestra jornada, reír de las nuevas gracias de nuestros hijos, ver un programa de tele juntos y tal vez sí salir y encargar a nuestros pequeños con la tranquilidad de que van a continuar durmiendo hasta que volvamos.

He tenido casos en los que por “acoplarse” a la situación y de alguna manera sobrellevarla, los padres han recurrido a dormir en cuartos separados, o turnarse una noche cada uno para dormir con sus hijos para que el otro descanse. Me han contado cómo esto sin querer ha contribuido a alejar a la pareja, en lugar de acercarla.

Es tan importante cuidar tanto de nuestros hijos, como de la pareja y de uno mismo. Para que nuestros bebés estén bien, ¡nosotros también debemos estar bien! Una familia feliz comienza con un matrimonio fuerte. No descuidemos nuestra vida de pareja. Nuestros hijos se sentirán seguros, tranquilos y felices al ver la unión de papá y mamá.

Es posible realizar algunos cambios a la dinámica de la hora de dormir de la familia para poder recuperar momentos juntos y que nuestros niños duerman mejor. No olvidemos que para que funcione, el trabajo debe ser en equipo.

Yo lo he vivido. Ahora que nació mi segunda bebé, y al conocer más sobre el sueño de los niños y cómo ayudarles a tener buenos hábitos, es otro el escenario. Mi segunda hija ha venido a completar nuestra familia y llenarnos de besos, “bravos” y risas. Nos encanta verlas entretenerse juntas. Nos encanta ahora ser 4. Para mi esposo y para mí, fue fantástico de verdad poder volver a tener una “Segunda primera cita”.

 

Dani Vásquez

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